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março 04, 2016

Marchant-rascunhos: de Gonzalo Muñoz até Ferenczi


 
Sempre achei engraçado o termo "rascunho". Lembra o termo "rasguñar" do espanhol e que se traduze mais adequadamente por "arranhar". Só agora que acabo de saber que, em certa medida, "rasguñar" também significa em espanhol a preparação de um esboço. Em fim, detalhes...

Preparando um artigo sobre Marchant (¡que no se enteren en Chile, por favor, Santa María de Mistral, te lo ruego!) rabisquei, sublinhei e selecionei certas passagens. Eis aqui uma amostra do que me interpelou mais profundamente. 


CON TODO - NOTAS SOBRE EL INDIGNO
(pp. 289-290)
"Pero, como la otra posibilidad, la traición necesaria, necesidad de meditar este admirable verso de Gonzalo Muñoz: “Guardo tus palabras sin oírlas”. Esto es: guardo, conservo, lo que me dices, ésas tus palabras que no puedo obedecer, responder a ellas, ahora; para, algún día, después, contigo o, especialmente sin ti, en tus palabras, oírte, obedecerte, aceptar amar, después, tu amor que ahora, sin siquiera poder pedirte perdón, traiciono" 
[...] 
– Amor gratuito: sólo a un indigno se le ocurriría decir: me ama, pero es enteramente “patológico” (en sentido kantiano o “sicoanalítico”) su amor.
– Pero ¿existe, en realidad, el amor gratuito, amor que, primera condición, viendo eso poco, esa “nada” que el otro es, en casos que están lejos de ser raros o, en todo caso, esa “nada” que acompaña incluso a seres de valor excepcional, lo ama de todos modos y, segunda condición, lo ama sin esperar nada? Si propio de Dios es amar toda creatura, sin embargo, Dios espera, su faltar la segunda condición, ser a su vez, amado. Y si deseos de saber de un Dios que amara sin esperar nada, ese Dios es Cristo, Cristo vencido, palabras de Judas (pág. 247); se comprende, entonces, el odio universal de los buenos hacia Judas." 


DESOLACIÓN QUATRO
- tu prestado nombre Cecília
(p. 314, n. 22)
22. Onto-foto-logía del Gato Negro:
“Recorro las fotos de las mujeres que verdaderamente he amado en mi vida. Busco el rasgo común, la razón de la serie. Todas ellas tienen en común esto: sus ojos reflejaban, eran, los ojos de mi amor absoluto, de mi vida, los ojos, puros como la muerte de Matías."
[Amor de la foto, Destino tú que eres la excepción a toda mi serie proustiana, ¿cuál es tu foto,  cuál tu nombre, dime?]
 
DESOLACIÓN CINCO
- último nombre -
Prestado tu nombre, prestado tu tiempo; aquí escribo el fin del plazo, del contrato, de ese préstamo: prestada lealtad, escritura, después –Cecilia. [...] Al día siguiente, encuentro inesperado, tantos meses después, con Soledad Sola; su alegría, profecía sobre ella que vi cumplida –que a veces uno también hace el bien, incluso sin quererlo.
[¿Soledad Sola, tú, que eres la única flor has de salvarme de volver a los nombres de la serie, Destino y serie?] 

 

APÉNDICE SEGUNDO
EL DOBLE RITMO
(p. 338) 
Recuérdese la teoría de Ferenczi. En el acto sexual, el hombre, idéntico a su sexo, él es su sexo, se introduce en la mujer; generosidad de la mujer, sin su consentimiento no hay acto sexual, insistencia de Groddeck que señalamos; la mujer, entonces, le da, al hombre, la erección, la erección adecuada; esto es, la mujer enamorada siente la erección del hombre como erección para ella. En el acto sexual, entonces, el yo del hombre, su alma, su espíritu, su consciencia se siente orgánicamente, es orgánicamente, su yo es un cuerpo, y necesidad profunda del hombre de sentir asegurado así su ser.
[Pero quién es flor que me hizo (tragedia del pretérito) florecer? ¿No eras tú, Destino?][Patricio, ¿o que aconteceu? ¿Cadê o interesse pelas amantes-mães que iriam cuidar (vigiar na vigília) do teu sono? ¿Agora deixas Hermann e voltas a Ferenczi? ¿As flores te lembraram que há vida para além desse leito de morte onde tuas amantes te protegem, enquanto dormes, dos teus pesadelos?]

APÉNDICE TERCERO 
LA HERMANA, I 1983-1984 
(p. 344, la cita que incluyo a continuación excede la cita de Marchant. En negrita su selección)
"Se repetía: <<Detalle de pared amarilla con marquesina, detalle de pared amarilla>>. Y se derrumbó en un canapé circular; de la misma súbita manera dejó de pensar que estaba en juego su vida y, recobrando el optimismo, se dijo: <<Es una simple indigestión por esas patatas que no estaban bastante cocidas, no es nada>>. Sufrió otro golpe que le derribó, rodó del canapé al suelo, acudieron todos los visitantes y los guardianes. Estaba muerto. ¿Muerto para siempre? ¿Quién puede decirlo? Desde luego los experimentos espiritistas no aportan la prueba de que el alma subsista, como tampoco la aportan los dogmas religiosos. Lo que puede decirse es que en nuestra vida ocurre todo como si entráramos en ella con la carga de obligaciones contraídas en una vida anterior; en nuestras condiciones de vida en estas tierra no hay ninguna razón para que nos creamos obligados a hacer el bien, a ser delicados, incluso a ser corteses, ni para que el artista ateo se crea obligado a volver a empezar veinte veces un pasaje para suscitar una admiración que importará poco a su cuerpo comido por los gusanos, como el detalle de pared amarilla que con tanta ciencia y tanto refinamiento pintó un artista desconocido para siempre, identificado apenas bajo el nombre de Ver Meer. Todas estas obligaciones que no tienen su sanción en la vida presente parecen pertenecer a otro mundo, a un mundo fundado en la bondad, en el escrúpulo en el sacrificio, a un mundo por completo diferente de éste y del que salimos para nacer en esta tierra, antes quizá de retornar a vivir bajo el imperio de esas leyes desconocidas a las que hemos obedecido porque llevábamos su enseñanza en nosotros, sin saber quién las había dictado -esas leyes a las que nos acerca todo trabajo profundo de la inteligencia y qué sólo son invisibles (¡y ni siquiera!) para los tontos-. De suerte que la idea de que Bergotte no había muerto para siempre no es inverosímil.
Le enterraron, pero durante toda la noche fúnebre sus libros, dispuestos de tres en tres en vitrinas iluminadas, velaban como los ángeles con las alas desplegadas y parecían, para el que ya no era, el símbolo de su resurrección." (Proust, La prisionera)
[Interesante: la cita en su 'totalidad' incluye una imagen de muerte y resurección, motivo fundamental del libro de Marchant]
APÉNDICE TERCERO 
LA HERMANA, II 1984 
(p. 350)
"Amo tu brotar, tu florecer. Pero, salvo breves momentos –que han sido, sin embargo, grandes momentos– siempre has permanecido –y, sin duda, siempre permanecerás– ajena a mí. Ajena. Siento la tentación de escribir: ajena como si toda la fuerza de la palabra “ajena” hubiera sido inventada únicamente para designarte a ti en relación a mí. Sin embargo: aunque ajena, basta que aparezcas para que me sienta obligado a cumplir con esa exigencia, esa felicidad: escribirte. Obligado a escribir siempre una “marcha”, un “paso”, el eco de una voz, tu voz. Así, siempre: ajena-cercana, Ent-fernung, nuestra Ent-fernung, la Ent-fernung. Y siento que he comenzado a amar –ese amor que me das de las palabras– esa palabra que he repetido al escribirte estas líneas: “siempre”. Siempre, tú, ajena-cercana a mí – como una flor que florece allí."
[Sin duda, Destino, me has hecho florecer. Estarías tan feliz al ver que me atrevo a escribir(te) estas líneas]
[Pero, Soledad Sola, flor del sendero que me enseñas a apreciar el humo del cigarro como la bruma matinal que bendice los campos, ¿por qué ese nombre tan pesado, ese préstamo (de nombre) tan cruel? Sólo una especulación muy profunda podría aclarar los malos entendidos (entender 'en el fondo' Sobre árboles y madres entero) y ¿cómo te coloco al borde del camino, leve y floreciente, sin colocar cientos de monedas (especulación) a tus espaldas?][Culpable por llamarte Soledad Sola]

LA CRUZ DE BISTOLFI
Gabriela Mistral 
Cruz que ninguno mira y que todos sentimos,
la invisible y la cierta como una ancha montaña [Andes]:
dormimos sobre ti y sobre ti vivimos;

tus dos brazos nos mecen [terremotos] y tu sombra nos baña [relación con el mar?].
El amor nos fingió un lecho, pero era
sólo tu garfio vivo y tu leño desnudo.
Creímos que corríamos libres por las praderas
y nunca descendimos de tu apretado nudo.
De toda sangre humana fresco está tu madero,
y sobre ti yo aspiro las llagas de mi padre,
y en el clavo de ensueño que lo llagó, me muero.
¡Mentira que hemos visto las noches y los días!
Estuvimos prendidos, como el hijo a la madre,
a ti, del primer llanto a la última agonía [Madre-muerte]
[¿Por qué, Patricio, te niegas a conceder importancia a la Patagonia geográfica, si al mismo tiempo das un lugar fundamental a la Cordillera geológica? ¿La diferencia de niveles es diferencia de naturaleza? ¿Menos digna la Patagonia que la Cordillera? Llanura que cambia la sombra por frío ¿no merece un lugar relevante en la cartografía mistraliana y sus cruxificciones? Quisiera que esta fuese la foto que te saco].

[Fotografia: Leonardo Bistolfi, La Croce (flikr de Xavier de Jauréguiberry)]