Mostrando postagens com marcador Gonzalo Rojas. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador Gonzalo Rojas. Mostrar todas as postagens

março 02, 2025

Retrato de mujer




 Retrato de mujer

Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
en la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.

Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.

Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.

No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz arcángel y una boca animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela de tu

       frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del
       Espíritu.

Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí, mujer, te dejo tu figura.



[Gonzalo Rojas, Retrato de mujer, 1957]
[Pintura: Pablo Picasso, Retrato de Dora Maar, 1937]
 
[Publicado originalmente el 6 de octubre de 2016]
 

março 05, 2017

Coro de los ahorcados






Circe de Cortázar inicia com uma enigmática frase de Dante Gabriel Rossetti, excerto de The Orchard-Pit. Saudades de adolescência que me visitam, vinte anos depois, nas palavras de Gonzalo Rojas. A vida como essa longa caminhada até o ossário da humanidade.

Saibam jovens amantes do nó que vos aperta o pescoço!  






Coro de los ahorcados 

Si habéis visto una alcoba,
y en ella un lienzo frígido, y a vuestra novia en él,
envejecida y seca por el mórbido estío,
y el vidrio del terror os corta la mirada;
oh ciegas criaturas ved nuestra cabellera
morada por el nudo. Tocad nuestra garganta
besada por el nudo.
Arrancadnos la lengua.

Si habéis sido testigos
de ese vaho que todo lo suaviza y lo pudre
en alcobas de negro terciopelo,
cuando ante vuestros ojos se os escapa el origen,
y vosotros estáis inclinados y mudos
 oliendo alcohol divino, que es esencia materna,
de facciones hundidas, como él evaporadas;
oh sordas criaturas,
gustad, más que esa espuma, nuestra seca agonía
mordida por el nudo. Bebed de nuestra arteria
hinchada por el nudo.
Sufrid su lenta gota.

Si habéis tragado el vidrio
del estertor - la uña de lo blando y profundo-,
y madre y podredumbre son un mismo veneno,
y vosotros lloráis de haber nacido:
malditas criaturas,
miradnos suspendidos
entre el cielo y la tierra,
llenos de espasmo y semen para engendrar el odio
-hijo del nudo-: vednos coronados de asco.
Doblados a la nada por el nudo.

Si el huracán hambriento de vuestra dentadura
ha roído los huesos de la muerte sembrada.
Si habéis partido y vuelto
desde el vientre al sepulcro.
Y si ya el sobresalto vela vuestros sentidos
helados por la sátira de la risa postrera:
pérfidas criaturas,
despertad con nosotros
para reinar mil años por un instante frío
bajo el ojo infernal, que es el ojo del nudo.
Vivid de pie en el trono. 

Si no habéis perdonado
al Cadáver Supremo -el ladrón de la noche-,
su robo y su codicia. 
Si os habéis rebelado contra su mano augusta. 
Si viene vuestra hora;
ved cómo os crece un nudo 
alrededor del cuello, cada sol, corredizo.

La trampa bajo el trono,
el horizonte en ruinas;
arrugados, famélicos hasta la eternidad,
tocad dónde comienza vuestro nudo.

Oid crecer las flores debajo del patíbulo
regadas por el semen de la muerte.
Aventad sus semillas para que nadie sepa
dónde comienza el nudo.
Deshojad sus cenizas.

Oh ciegas criaturas.
El sol está morado.
La aurora es una farsa. Desconfiad
del nudo: centinela del gusano.


[Coro de los ahorcados, Gonzalo Rojas]



novembro 17, 2016

Qedeshím Qedeshoth




Mala suerte acostarse con fenicias, yo me acosté
con una en Cádiz bellísima
y no supe de mi horóscopo hasta
mucho después cuando el Mediterráneo me empezó a exigir
más y más oleaje; remando
hacia atrás llegué casi exhausto a la
duodécima centuria: todo era blanco, las aves,
el océano, el amanecer era blanco.

Pertenezco al Templo, me dijo: soy Templo. No hay
puta, pensé, que no diga palabras
del tamaño de esa complacencia. 50 dólares
por ir al otro Mundo, le contesté riendo; o nada.
50, o nada. Lloró
convulsa contra el espejo, pintó
encima con rouge y lágrimas un pez: -Pez,
acuérdate del pez.

Dijo alumbrándome con sus grandes ojos líquidos de
turquesa, y ahí mismo empezó a bailar en la alfombra el
rito completo; primero puso en el aire un disco de Babilonia y
le dio cuerda al catre, apagó las velas: el catre
sin duda era un gramófono milenario
por el esplendor de la música; palomas, de
repente aparecieron palomas.

Todo eso por cierto en la desnudez más desnuda con
su pelo rojizo y esos zapatos verdes, altos, que la
esculpían marmórea y sacra como
cuando la rifaron en Tiro entre las otras lobas
del puerto, o en Cartago
donde fue bailarina con derecho a sábana a los
quince; todo eso.

Pero ahora, ay, hablando en prosa se
entenderá que tanto
espectáculo angélico hizo de golpe crisis en mi
espinazo, y lascivo y
seminal la violé en su éxtasis como
si eso no fuera un templo sino un prostíbulo, la
besé áspero, la
lastimé y ella igual me
besó en un exceso de pétalos, nos
manchamos gozosos, ardimos a grandes llamaradas
Cádiz adentro en la noche ronca en un
aceite de hombre y de mujer que no está escrito
en alfabeto púnico alguno, si la imaginación de la
imaginación me alcanza.

Qedeshím qedeshóth*, personaja, teóloga
loca, bronce, aullido
de bronce, ni Agustín
de Hipona que también fue liviano y
pecador en Africa hubiera
hurtado por una noche el cuerpo a la
diáfana fenicia. Yo
pecador me confieso a Dios.

* En fenicio: cortesana del templo



[Gonzalo Rojas, Qedeshím Qedeshóth]

julho 29, 2016

Poetry... private affairs




O excerto preferido da leitura diária de Gonzalo Rojas. A imagem escolhida, obviusly, pintura de Rossetti. Logo, as discussões sobre os mistérios da pintura... uma tradução da Ballade des Dames... de Villon e, de novo, de volta a Rojas. 


Muerta mi muerta, aclárese todo, admítase
e infórmese que María
Mc Kensie no está ahí en ese cofre 
de ceniza, ni en Glasgow
ni en Alcántara mortuoria, que su hermosura
sigue siendo mi adicción, que todavía
y qué importa el Mundo nos reímos del Mundo
fuertes y felices, que va a estallar el Mundo,
que lo que va a estallar es el Mundo.

Y ella en cambio tiene 20, su corazón
tiene 20, su pelo
precioso, su frescor, su aroma
flexible de muchacha blanca, sus rodillas,
esa piel que no habrá, fuera claro
de las noches portentosas hasta las últimas 
estrellas en el oleaje pétreo, Atacama
adentro, allá por el 42 de 
la Guerra Grande incluyendo su preñez, 
el misterio de su preñez, [...]

De El Cofre, in La miseria del hombre (Santiago: Diego Portales, 2010, p.13)


Maria, o Mundo, um cofre e, por que não, uma caixa de música. Motivo medieval, dizem os comentadores. Figuras simétricas que sugerem dois anjos tocando música. Romanticismo insuportável que reconhece, perverso, o trânsito (esse fio demoníaco), entre a sedução, a maçã irresistível e o leito. Leito, de amores ou de morte? Pouco importa. Morremos de amores por essa maçã, corremos cegos em busca da asma que nos conduz até alturas irresistíveis, inatingíveis. Outros poetas irão descrever esse fio delicado que liga as alturas às agonias do amor. Agora voltemos aos leitos - abandonemos este ato falho de pensar em alturas - do que se trata, aliás, aqui é da ossada do poeta inglês. Essa, à qual nos dirigimos ofuscados pela maçã desejada. 

Explique-toi...

Em The Orchard-Pit Rossetti apresenta a maçã traiçoeira com a qual uma tal Cirse seduz seus amantes, os envenena e os deixa cair atordoados nesse monte de ossos ressecados pelo tempo. Cuidado, se seguimos a interpretação de Cortázar - quem inclui um trecho do poema de Rosseti na epígrafe de seu conto Cirse -, cette femme parece se aproximar mais da tímida jovem marcada pelo fatum inevitável de ter que envenenar seus noivos do que de uma Eva que sabe seduzir. Delia, a jovem que encarna Cirse no conto de Cortázar, não sabe o que faz. Sua sedução depende de sua ausência, timidez, silêncio. Angustiada vê-se na necessidade de elaborar finos e delicados licores para colocar dentro das trufas da morte. Parece, apenas, uma menina querendo agradar. A estória não esconde segredo algum. Desde o começo do conto sabemos o que irá acontecer. O saber não é uma conquista para ser oferecida na forma do delicioso fruto vermelho. Conhecimento: algo banal. O charme do conto está na demorada preparação do licor, na inesperada barata que Mario achou no fundo da trufa antes de morrer. O inseto pode substituir o papel clássico da maçã de Eva? Não acredito...

Ora, concentremos a vista nesse lien de poetas que surge entre amor e morte. O amante vai para a morte não porque sai do paraíso (me poupem dessa estorinha com Eva!). Não gosto do papel atribuído ao conhecimento. Adoro as maçãs, adoro oferecê-las (aliás!) mais pelo sabor doce que escorre entre os lábios vermelhos de Venus, do que pela suposta promessa de conhecimento. O amante vai para a morte porque não pode amar fora do âmbito da morte, porque todo seu suor envolve a perda do ar, porque anseia morrer no leito, chegar ao leito. A morte trabalha desde dentro a luta dos amantes. E a relação não se expressa num saber, não é patrimônio de poetas. A relação e o próprio caminho, o aprimoramento sutil do próprio amor - Genet chamava de violência à serena fragilidade de seu amante. Como a fúria amorosa que se desdobra no carinho, nas carícias imperceptíveis, no colo oferecido como a primeira forma do descanso definitivo. Por isso minha obsessão com Délia e seu demorado procedimento de elaboração das trufas.    

Ao passar penso brincalhonamente, se não são os anjos dessa pintura os que operam esse bendito vínculo entre amor e morte. Anjos venham construir o vínculo! Anjos-demônios transformem cada beijo dos amantes no desgastado brilho dos corpos da ossada! 
    
The Blue Closet é o nome da aquarela que Rossetti pinta para William Morris em 1857. Morris parece ser relevante na produção de intrigas acerca do quadro. A aparente ausência de motivos descrita por Rossetti, se enfrenta aos mistérios insuflados pelo amigo. Não tenho fôlego - e o mais importante não tenho arquivos - para mergulhar nessa correspondência, mas achei interessante a casual sugestão de uma relação possível entre o quadro e o poema Ballad of the Dead Ladies, tradução da Ballade des Dames du temps jadis composta por François Villon em torno do século XV. 


[...]

Où est la très sage Héloïs,

Pour qui fut châtré et puis moine

Pierre Esbaillart à Saint-Denis ?
Pour son amour eut cette essoine.
Semblablement, où est la roine
Qui commanda que Buridan
Fût jeté en un sac en Seine ?
Mais où sont les neiges d'antan ?

[...] Prince, n'enquerrez de semaine
Où elles sont, ni de cet an,

Que ce refrain ne vous remaine :

Mais où sont les neiges d'antan ?


Essa pergunta no final de cada estrofe, sua repetição cuidadosa, a delicadeza da neve caindo, me fizeram pensar no tempo. Não consigo desvendar, agora, a natureza desse tempo. Mas quando lia os traços de Villon, olhava para o quadro de Rossetti, pensava na pele delicada das musas dos outros quadros (especialmente em Jan Morris), me confundia na imaginação da Maria de Rojas e pensava no tempo, no brilho da pele e o tempo, a asfixia e o tempo, as luzes refletidas no mar e... o tempo. Flores, a lenta separação das pétalas, a perda das cores e perfumes, a transformação em pó. E nós, morrendo de amores por essas flores, por sua vaidade, seu private affair

Gabriela (Mistral) com tom de mãe diria para Gonzalo (Rojas): Mas não um pó qualquer, meu filho, o pó neste leito de mãe que te deu a vida, te abandonou para te abandonares à ilusão de viver e te espera, paciente, no leito de morte. Oh, pó no féretro! 
 

[G.M.;G.R.]
[Pintura: Rossetti. The Blue Closet, 1857]