No quería dejar de aclarar, en breve anotación, mi referencia a las "policías del mundo" presente en el texto sobre Morel o, lo que viene a ser lo mismo, sobre Marília. Ciertamente y, a pesar de la licencia literaria, no es que crea fehacientemente en cierta policía del mundo siguiendo mis huellas. Por lo menos, no en algo que rebase el análisis de mis datos de localización, hora de dormir y despertar, o nimiedades como cuentas bancarias y nacionalidad. Tampoco nada que exceda la mirada atenta del guardia del supermercado, o de un actor en formación que eventualmente se divierte siguiéndome, para montar un personaje. Digo esto, claro, sólo para constar que no creo en que la policía del mundo esté tras mis pasos.
Pues bien, la referencia proviene del poema de Teillier que he reproducido más abajo. "He visto a un hombre que...", dice, se mueve entre aviones y buses, busca algo que no sabe dónde hallar ni de qué trata y que, probablemente, circula por hoteles diversos. Sucede que el retrato del personaje coincide casi exactamente con la definición del viajero común. Lugares diversos, búsqueda más o menos indefinida, algo de temor, tal vez desconfianza. Un placer incontenible por el desplazamiento.
Es lo que me sugiere esta imagen. Una suerte de reinterpretación de la melancolía presente en Hotel Room de Hopper, pero sin Shirley, sin maletas, ni siquiera un libro. Proyección en la pared, eventualmente en un "Hotel Nube" que abre sus ventanas piadosas frente al espejo cansado. En esta imagen los límites se descuadran, las sombras juguetean con la proyección y el espejo, cual puerta, se confunde con la entrada. Un espejo hecho a la medida de viajeros perseguidos por el mundo, que ahora pueden esconderse tras sus destellos sutiles.
[Fotografía: Amor de la foto, Flickr]


