Mostrando postagens com marcador Marcel Proust. Mostrar todas as postagens
Mostrando postagens com marcador Marcel Proust. Mostrar todas as postagens

agosto 17, 2022

Proust, le grand malentendu


 
Ontem, de noite, fiz a transliteração dessa frase. Achei-a maravilhosa. Acredito que será a bússola das disciplinas que ministrarei esse semestre. É pronunciada, aparentemente, por um dos pesquisadores responsáveis do primeiro capítulo de um podcast dedicado a Proust em France Culture. Ainda não sei, ao certo, quem que fala. Já fiz provas de identificação de voz, mas não dei com o responsável. Caso algum dentre os numerosos leitores desse blog se dispor a ajudar, estarei muito grato. A seguir as coordenadas da frase.


Podcast Marcel Proust, cousu main
Chapitre 1. Marcel Proust, le manteau des apparences
Temps. autor du 6'
Lien.
 
  
Il n'y a pas d'ignorance sans savoir. On ne peut pas conquérir la candeur sans en passer par la connaissance. Le grand malentendu c'est ceux qui pense que l'intelligence c'est une fin en soi. Et oublie qu'elle n'est qu'une émotion revivifiée, retrouvée, d'une émotion retrouvée, d'un temps retrouvé. L'érudition, l'intelligence, la culture n'est pas une fin en soi, ne vaut que si elle est émouvante, ou que si elle donne lieu à de l'émotion, ou que si elle permet, si elle nous dispose à l'émotion. 
 

[Photo: Montage à partir d'une photo de Paul Boyer (vers 1891) - © Nicolas Ragonneau]
 

julho 10, 2022

apêndice 17 sobre o segundo paradoxo de Zenão

 


Anne. Sarcástica, cirúrgica, genial!

 

As pessoas que Marcel ama são pessoas em movimento. Como Albertine - sempre correndo para algum lugar de bicicleta, de trem, de carro, num cavalo ou se atirando pela janela; como a mãe de Marcel, eternamente subindo as escadas para dar-lhe o beijo da boa noite; como sua avó, caminhando a passos largos para cima e para baixo pelo jardim todas as noites porque achava saudável, mesmo que estivesse chovendo a cântaros; ou como seu amigo Roberto de Saint-Loup, que num primeiro relance vimos saltitando sobre um banquinho num restaurante a fim de apanhar um casaco para Marcel, sentado à mesa, confuso e trêmulo. Marcel é o centro tranquilo de toda essa atividade cinética, ele é como a flecha alada do segundo paradoxo de Zenão, lançada do arco mas que jamais atinge o alvo porque não se move. Por que a flecha de Zenão não se move? Porque (segundo a explanação de Aristóteles) o movimento da flecha seria uma série de instantes, e a cada instante a flecha percorre o espaço inteiro daquele instante, e isto (Zenão diria) é a descrição da imobilidade. Se puséssemos juntos todos os instantes de imobilidade ainda assim não sairíamos dela [so if you add all the instants of stillness together you still get still]. Ninguém negaria que o romance proustiano flui com o tempo e com flechas disparadas em todas as direções. Mas podemos também imaginar o romance inteiro (em nossa cabeça) como um longo instante imobilizado, pois Marcel leva mil páginas do livro para alcançar o momento em que começa a escrevê-lo. Na última página ele lança sua flecha mas supera Zenão, pois a atira para trás, na medida em que acabamos de ler o romance que ele propõe escrever. Pensar muito tempo em Zenão e seus paradoxos me dá um pouco dor de cabeça, embora eu me divirta com sua argumentação fria. Eis um tiro-antídoto de Zenão disparado pelo devotado erudito proustiano, isto é, o cineasta Chris Marker (Sans Soleil): "Assim é que a história avança, tapando a própria memória como tapamos nossos ouvidos... (mas) um momento imobilizado queimaria como a chama de um filme bloqueado diante da fornalha do projetor".  
 
 
[Anne Carson. O Método Albertine. São Paulo: Jabuticaba, 2017] 
 

novembro 20, 2021

Proustiana II: Les traces du chagrin...


À Gilberte

Je, je me dis, que les femmes qu’on n’aime plus et qu’on revoit après des années… eh bien… entre elles et nous il y a la mort... c’est comme si elles n’étaient plus de ce monde… puisque notre amour n’existe plus. Je pense seulement a tous ces questions qui m'ont torturé et qu'aujourd'hui n'ont plus d'interêt à mes yeux  […] C'est ça qui est terrible, c'est que le chagrin… et on peut en mourir… ne laisse aucune trace… 


Proustiana I: Sonate de Vinteuil



Moi, Marcel... moi, aussi, je pleure quand j'en entends... 


abril 15, 2017

Doces sonhos


O livro de cabeceira para transformar nos cauchemars em doces sonhos:
Proust, La prisionnière 


[Fotografia: Bruce Gilden, New York]

março 10, 2017

Camino a la escritura



Después de que han pasado casi seis años desde que terminé la tesis, la experiencia de su escritura vuelve como la bruma que se desplaza lenta por el recuerdo de una ciudad, unas lecturas, apuntes y bibliotecas que ya no son más míos. Vuelven como un tiempo recobrado. Tal vez fueran necesarios seis años para encontrar el tiempo de la tesis, para que ésta pudiera abrirse paso más acá de las urgencias para terminar. Tal vez, sin ese tiempo no podría pensar, todavía, en su derrotero escritural. 

Presto para la finalización, decidí, sin querer y de algún modo, que su escritura no acabase y que su tiempo, siempre agónico, siempre agotado, me forzara a volver. ¿Cómo sabré si regresa el tiempo de la tesis? En esta tentativa distante se nos impone la pregunta por el retorno. La propia tesis se confunde con los trazos de esta suerte de (im)posición. La pregunta que inquieta es, pues, la que acompaña a la tesis. ¿Cómo certificar el retorno de lo que no ha dejado de acompañarnos? Tiempo del acompañamiento, ritmo que hace temblar la tentativa a través de la cual la tesis se impone y se sustenta. Desde acá, preguntas que abren camino gracias a nuestras lecturas recientes del filósofo Patricio Marchant. 

Cuando decidí la estructura definitiva de la tesis, omití un capítulo bastante preciso. Justamente aquel que no dejará de acompañarnos a distancia. Interesa, a propósito del problema de la escritura y de cómo esta abre paso, camino, a la tesis, describir el derrotero de trechos que, no publicados, son, sin embargo, los que nos lanzan incesantemente sobre la tesis, como si ella, en su tentativa de posicionarse, no dejase de hacernos temblar, recobrar o retornar.

El vocabulario no es inoportuno, pues estas expresiones surgen de la aproximación del filósofo Gilles Deleuze a Proust, cuestión que estudiamos en el capítulo inédito. El eje instituido de la investigación daba cuenta del tránsito que Deleuze realiza entre el problema del hábito en Hume, y la determinación de una filosofía de los principios en Leibniz. Más exactamente, el problema consistía en preguntar por el modo en que el hábito se torna principio. Ahora bien, el hábito requería plantear la cuestión de la repetición y el retorno. Algo vuelve – es recobrado – en este retorno y ello no depende de los datos inmediatos de la repetición ni de las estructuras de reconocimiento subjetivo. Lo que recobramos está en medio y acompaña al propio retorno. En ese horizonte, nos parecía relevante estudiar la manera en que se torna accesible el tiempo recobrado para Deleuze.

Siguiendo el rastro de aquellos trechos inéditos y de las cuestiones que reverberan en la escritura de la tesis, intentaremos pensar el tiempo de la tesis y el problema de un retorno que acompaña a esta cuestión. ¿Cómo volver (a pensar) al tiempo de la tesis, si éste no ha dejado de acompañar nuestra escritura?

[Fotografia: Parque San Borja, Santiago de Chile]

março 04, 2016

Marchant-rascunhos: de Gonzalo Muñoz até Ferenczi


 
Sempre achei engraçado o termo "rascunho". Lembra o termo "rasguñar" do espanhol e que se traduze mais adequadamente por "arranhar". Só agora que acabo de saber que, em certa medida, "rasguñar" também significa em espanhol a preparação de um esboço. Em fim, detalhes...

Preparando um artigo sobre Marchant (¡que no se enteren en Chile, por favor, Santa María de Mistral, te lo ruego!) rabisquei, sublinhei e selecionei certas passagens. Eis aqui uma amostra do que me interpelou mais profundamente. 


CON TODO - NOTAS SOBRE EL INDIGNO
(pp. 289-290)
"Pero, como la otra posibilidad, la traición necesaria, necesidad de meditar este admirable verso de Gonzalo Muñoz: “Guardo tus palabras sin oírlas”. Esto es: guardo, conservo, lo que me dices, ésas tus palabras que no puedo obedecer, responder a ellas, ahora; para, algún día, después, contigo o, especialmente sin ti, en tus palabras, oírte, obedecerte, aceptar amar, después, tu amor que ahora, sin siquiera poder pedirte perdón, traiciono" 
[...] 
– Amor gratuito: sólo a un indigno se le ocurriría decir: me ama, pero es enteramente “patológico” (en sentido kantiano o “sicoanalítico”) su amor.
– Pero ¿existe, en realidad, el amor gratuito, amor que, primera condición, viendo eso poco, esa “nada” que el otro es, en casos que están lejos de ser raros o, en todo caso, esa “nada” que acompaña incluso a seres de valor excepcional, lo ama de todos modos y, segunda condición, lo ama sin esperar nada? Si propio de Dios es amar toda creatura, sin embargo, Dios espera, su faltar la segunda condición, ser a su vez, amado. Y si deseos de saber de un Dios que amara sin esperar nada, ese Dios es Cristo, Cristo vencido, palabras de Judas (pág. 247); se comprende, entonces, el odio universal de los buenos hacia Judas." 


DESOLACIÓN QUATRO
- tu prestado nombre Cecília
(p. 314, n. 22)
22. Onto-foto-logía del Gato Negro:
“Recorro las fotos de las mujeres que verdaderamente he amado en mi vida. Busco el rasgo común, la razón de la serie. Todas ellas tienen en común esto: sus ojos reflejaban, eran, los ojos de mi amor absoluto, de mi vida, los ojos, puros como la muerte de Matías."
[Amor de la foto, Destino tú que eres la excepción a toda mi serie proustiana, ¿cuál es tu foto,  cuál tu nombre, dime?]
 
DESOLACIÓN CINCO
- último nombre -
Prestado tu nombre, prestado tu tiempo; aquí escribo el fin del plazo, del contrato, de ese préstamo: prestada lealtad, escritura, después –Cecilia. [...] Al día siguiente, encuentro inesperado, tantos meses después, con Soledad Sola; su alegría, profecía sobre ella que vi cumplida –que a veces uno también hace el bien, incluso sin quererlo.
[¿Soledad Sola, tú, que eres la única flor has de salvarme de volver a los nombres de la serie, Destino y serie?] 

 

APÉNDICE SEGUNDO
EL DOBLE RITMO
(p. 338) 
Recuérdese la teoría de Ferenczi. En el acto sexual, el hombre, idéntico a su sexo, él es su sexo, se introduce en la mujer; generosidad de la mujer, sin su consentimiento no hay acto sexual, insistencia de Groddeck que señalamos; la mujer, entonces, le da, al hombre, la erección, la erección adecuada; esto es, la mujer enamorada siente la erección del hombre como erección para ella. En el acto sexual, entonces, el yo del hombre, su alma, su espíritu, su consciencia se siente orgánicamente, es orgánicamente, su yo es un cuerpo, y necesidad profunda del hombre de sentir asegurado así su ser.
[Pero quién es flor que me hizo (tragedia del pretérito) florecer? ¿No eras tú, Destino?][Patricio, ¿o que aconteceu? ¿Cadê o interesse pelas amantes-mães que iriam cuidar (vigiar na vigília) do teu sono? ¿Agora deixas Hermann e voltas a Ferenczi? ¿As flores te lembraram que há vida para além desse leito de morte onde tuas amantes te protegem, enquanto dormes, dos teus pesadelos?]

APÉNDICE TERCERO 
LA HERMANA, I 1983-1984 
(p. 344, la cita que incluyo a continuación excede la cita de Marchant. En negrita su selección)
"Se repetía: <<Detalle de pared amarilla con marquesina, detalle de pared amarilla>>. Y se derrumbó en un canapé circular; de la misma súbita manera dejó de pensar que estaba en juego su vida y, recobrando el optimismo, se dijo: <<Es una simple indigestión por esas patatas que no estaban bastante cocidas, no es nada>>. Sufrió otro golpe que le derribó, rodó del canapé al suelo, acudieron todos los visitantes y los guardianes. Estaba muerto. ¿Muerto para siempre? ¿Quién puede decirlo? Desde luego los experimentos espiritistas no aportan la prueba de que el alma subsista, como tampoco la aportan los dogmas religiosos. Lo que puede decirse es que en nuestra vida ocurre todo como si entráramos en ella con la carga de obligaciones contraídas en una vida anterior; en nuestras condiciones de vida en estas tierra no hay ninguna razón para que nos creamos obligados a hacer el bien, a ser delicados, incluso a ser corteses, ni para que el artista ateo se crea obligado a volver a empezar veinte veces un pasaje para suscitar una admiración que importará poco a su cuerpo comido por los gusanos, como el detalle de pared amarilla que con tanta ciencia y tanto refinamiento pintó un artista desconocido para siempre, identificado apenas bajo el nombre de Ver Meer. Todas estas obligaciones que no tienen su sanción en la vida presente parecen pertenecer a otro mundo, a un mundo fundado en la bondad, en el escrúpulo en el sacrificio, a un mundo por completo diferente de éste y del que salimos para nacer en esta tierra, antes quizá de retornar a vivir bajo el imperio de esas leyes desconocidas a las que hemos obedecido porque llevábamos su enseñanza en nosotros, sin saber quién las había dictado -esas leyes a las que nos acerca todo trabajo profundo de la inteligencia y qué sólo son invisibles (¡y ni siquiera!) para los tontos-. De suerte que la idea de que Bergotte no había muerto para siempre no es inverosímil.
Le enterraron, pero durante toda la noche fúnebre sus libros, dispuestos de tres en tres en vitrinas iluminadas, velaban como los ángeles con las alas desplegadas y parecían, para el que ya no era, el símbolo de su resurrección." (Proust, La prisionera)
[Interesante: la cita en su 'totalidad' incluye una imagen de muerte y resurección, motivo fundamental del libro de Marchant]
APÉNDICE TERCERO 
LA HERMANA, II 1984 
(p. 350)
"Amo tu brotar, tu florecer. Pero, salvo breves momentos –que han sido, sin embargo, grandes momentos– siempre has permanecido –y, sin duda, siempre permanecerás– ajena a mí. Ajena. Siento la tentación de escribir: ajena como si toda la fuerza de la palabra “ajena” hubiera sido inventada únicamente para designarte a ti en relación a mí. Sin embargo: aunque ajena, basta que aparezcas para que me sienta obligado a cumplir con esa exigencia, esa felicidad: escribirte. Obligado a escribir siempre una “marcha”, un “paso”, el eco de una voz, tu voz. Así, siempre: ajena-cercana, Ent-fernung, nuestra Ent-fernung, la Ent-fernung. Y siento que he comenzado a amar –ese amor que me das de las palabras– esa palabra que he repetido al escribirte estas líneas: “siempre”. Siempre, tú, ajena-cercana a mí – como una flor que florece allí."
[Sin duda, Destino, me has hecho florecer. Estarías tan feliz al ver que me atrevo a escribir(te) estas líneas]
[Pero, Soledad Sola, flor del sendero que me enseñas a apreciar el humo del cigarro como la bruma matinal que bendice los campos, ¿por qué ese nombre tan pesado, ese préstamo (de nombre) tan cruel? Sólo una especulación muy profunda podría aclarar los malos entendidos (entender 'en el fondo' Sobre árboles y madres entero) y ¿cómo te coloco al borde del camino, leve y floreciente, sin colocar cientos de monedas (especulación) a tus espaldas?][Culpable por llamarte Soledad Sola]

LA CRUZ DE BISTOLFI
Gabriela Mistral 
Cruz que ninguno mira y que todos sentimos,
la invisible y la cierta como una ancha montaña [Andes]:
dormimos sobre ti y sobre ti vivimos;

tus dos brazos nos mecen [terremotos] y tu sombra nos baña [relación con el mar?].
El amor nos fingió un lecho, pero era
sólo tu garfio vivo y tu leño desnudo.
Creímos que corríamos libres por las praderas
y nunca descendimos de tu apretado nudo.
De toda sangre humana fresco está tu madero,
y sobre ti yo aspiro las llagas de mi padre,
y en el clavo de ensueño que lo llagó, me muero.
¡Mentira que hemos visto las noches y los días!
Estuvimos prendidos, como el hijo a la madre,
a ti, del primer llanto a la última agonía [Madre-muerte]
[¿Por qué, Patricio, te niegas a conceder importancia a la Patagonia geográfica, si al mismo tiempo das un lugar fundamental a la Cordillera geológica? ¿La diferencia de niveles es diferencia de naturaleza? ¿Menos digna la Patagonia que la Cordillera? Llanura que cambia la sombra por frío ¿no merece un lugar relevante en la cartografía mistraliana y sus cruxificciones? Quisiera que esta fuese la foto que te saco].

[Fotografia: Leonardo Bistolfi, La Croce (flikr de Xavier de Jauréguiberry)]

fevereiro 20, 2016

Um canto


Um canto, meu canto. Um canto é como uma vida (Deleuze dixit), singularidade que se abre ao horizonte. Há dois anos e meio me lembro 'desterritorializado' num leito de belas, tristes e trágicas lembranças declarando que não sabia, que não queria, que apenas compreendia o que essa palavra significava. Pois é, canto significa lar (juro que, dessa vez, não consultei o Priberam), lugar onde se encontrar, casa. Quando dizemos "minha casa" com referência à casa dos pais, dos avós ou mesmo à casa de infância que provavelmente não existe mais, estamos querendo dizer que há uma esquina, uma dobra no espaço que nos acolhe, que transfora as imagens do universo em afetos de alguém, para alguém. 

Relação dos objetos da foto (leia-se inventário): à esquerda móvel para a T.V. que graças a Deus e a Nossa Senhora não existe nesta "casa" (rs), prateleira (emfim!!) para a biblioteca que deixou de ser itinerante há pouco tempo, estante preta para coisas diversas, suporte para livros em posição diagonal, sofá (onde iria Marcel tramar suas perversões e se lembrar de Albertine?, vide imagem à direita de Proust), uma almofada. E o que não está na foto: eu na minha escrivaninha descrevendo coisas para o blog e preenchendo formulários ad infinitum para projetos que nunca irão ser financiados. Por último, todos os móveis e pessoas (?) incluidas nesta classificação. Dito de outra foma: o não-lugar que ameaça e movimenta todo lugar (Foucault apud Borges, em As palavras e as coisas).          

janeiro 23, 2016

Principia scriptorum

 
 
 
 Se houver algo assim como uma declaração de princípios para esse blog, seria algo como o que segue: 
 
"Não é fácil descrever destinos simples; nos livros, em toda parte a vida é brandida como um amuleto. Na Busca, pelo menos, a experiência dos homens não serve para nada, não há moral aprendida, não há lição de coisas. [...] O problema  dos romances comuns são todos aqueles personagens que mudam, e mesmo se emendam, procuram melhorar, que se perguntam o que devem fazer, o que não devem fazer, e desse modo preparam a moral que deverá julgá-los. Em Proust, todo aquele que extraísse lições de suas ações passadas - estranha idéia - seria rebaixado, como uma planta, a seu estado primitivo, devolvido a uma lei da espécie" 


[Meunier, Proust e as flores]