janeiro 22, 2017
The Orchard-Pit
novembro 17, 2016
Qedeshím Qedeshoth
Mala suerte acostarse con fenicias, yo me acosté
con una en Cádiz bellísima
y no supe de mi horóscopo hasta
mucho después cuando el Mediterráneo me empezó a exigir
más y más oleaje; remando
hacia atrás llegué casi exhausto a la
duodécima centuria: todo era blanco, las aves,
el océano, el amanecer era blanco.
Pertenezco al Templo, me dijo: soy Templo. No hay
puta, pensé, que no diga palabras
del tamaño de esa complacencia. 50 dólares
por ir al otro Mundo, le contesté riendo; o nada.
50, o nada. Lloró
convulsa contra el espejo, pintó
encima con rouge y lágrimas un pez: -Pez,
acuérdate del pez.
Dijo alumbrándome con sus grandes ojos líquidos de
turquesa, y ahí mismo empezó a bailar en la alfombra el
rito completo; primero puso en el aire un disco de Babilonia y
le dio cuerda al catre, apagó las velas: el catre
sin duda era un gramófono milenario
por el esplendor de la música; palomas, de
repente aparecieron palomas.
Todo eso por cierto en la desnudez más desnuda con
su pelo rojizo y esos zapatos verdes, altos, que la
esculpían marmórea y sacra como
cuando la rifaron en Tiro entre las otras lobas
del puerto, o en Cartago
donde fue bailarina con derecho a sábana a los
quince; todo eso.
Pero ahora, ay, hablando en prosa se
entenderá que tanto
espectáculo angélico hizo de golpe crisis en mi
espinazo, y lascivo y
seminal la violé en su éxtasis como
si eso no fuera un templo sino un prostíbulo, la
besé áspero, la
lastimé y ella igual me
besó en un exceso de pétalos, nos
manchamos gozosos, ardimos a grandes llamaradas
Cádiz adentro en la noche ronca en un
aceite de hombre y de mujer que no está escrito
en alfabeto púnico alguno, si la imaginación de la
imaginación me alcanza.
Qedeshím qedeshóth*, personaja, teóloga
loca, bronce, aullido
de bronce, ni Agustín
de Hipona que también fue liviano y
pecador en Africa hubiera
hurtado por una noche el cuerpo a la
diáfana fenicia. Yo
pecador me confieso a Dios.
* En fenicio: cortesana del templo
outubro 06, 2016
As três rosas
Juntos víamos as três rosas
colorir, florescer.
Perto do prédio onde dormias,
e sonhavas com grandes impérios, invasões e morte,
também, soubeste da vida.
Vênus, tecias minhas veias com estrepitosa velocidade!
Exercitavas inaudita alquimia no meu coração!
Meus olhos conheceram, junto a ti, os segredos segundos do amanhecer.
A lua refletindo nas águas.
O reverbero do silêncio.
Meu coração vibra do rugido de mil exércitos.
Conhece o tecido arbitrário da história.
Sabe dos cantos segredos que escondem as construções do tempo.
Infinitas vezes irá pular por essa janela.
Abrir-se-á ao vento e à luz, às tuas nuvens.
À beira do seu caminho estão cansados os homens.
À escuta das suas palavras abdicaram os imperadores.
Vênus, penso nas três rosas.
Na sua estranha geografia,
nas paragens que as esperam para florescer,
de novo.
agosto 23, 2016
Vênus em aquário
julho 29, 2016
Poetry... private affairs
O excerto preferido da leitura diária de Gonzalo Rojas. A imagem escolhida, obviusly, pintura de Rossetti. Logo, as discussões sobre os mistérios da pintura... uma tradução da Ballade des Dames... de Villon e, de novo, de volta a Rojas.
Muerta mi muerta, aclárese todo, admítase
e infórmese que María
Mc Kensie no está ahí en ese cofre
de ceniza, ni en Glasgow
ni en Alcántara mortuoria, que su hermosura
sigue siendo mi adicción, que todavía
y qué importa el Mundo nos reímos del Mundo
fuertes y felices, que va a estallar el Mundo,
que lo que va a estallar es el Mundo.
Y ella en cambio tiene 20, su corazón
tiene 20, su pelo
precioso, su frescor, su aroma
flexible de muchacha blanca, sus rodillas,
esa piel que no habrá, fuera claro
de las noches portentosas hasta las últimas
estrellas en el oleaje pétreo, Atacama
adentro, allá por el 42 de
la Guerra Grande incluyendo su preñez,
el misterio de su preñez, [...]




