Después de que han pasado casi seis años desde que terminé la tesis, la experiencia de su escritura vuelve como la bruma que se desplaza lenta por el recuerdo de una ciudad, unas lecturas, apuntes y bibliotecas que ya no son más míos. Vuelven como un tiempo recobrado. Tal vez fueran necesarios seis años para encontrar el tiempo de la tesis, para que ésta pudiera abrirse paso más acá de las urgencias para terminar. Tal vez, sin ese tiempo no podría pensar, todavía, en su derrotero escritural.
Presto para la finalización, decidí, sin querer y de algún modo, que su escritura no acabase y que su tiempo, siempre agónico, siempre agotado, me forzara a volver. ¿Cómo sabré si regresa el tiempo de la tesis? En esta tentativa distante se nos impone la pregunta por el retorno. La propia tesis se confunde con los trazos de esta suerte de (im)posición. La pregunta que inquieta es, pues, la que acompaña a la tesis. ¿Cómo certificar el retorno de lo que no ha dejado de acompañarnos? Tiempo del acompañamiento, ritmo que hace temblar la tentativa a través de la cual la tesis se impone y se sustenta. Desde acá, preguntas que abren camino gracias a nuestras lecturas recientes del filósofo Patricio Marchant.
Cuando decidí la estructura definitiva de la tesis, omití un capítulo bastante preciso. Justamente aquel que no dejará de acompañarnos a distancia. Interesa, a propósito del problema de la escritura y de cómo esta abre paso, camino, a la tesis, describir el derrotero de trechos que, no publicados, son, sin embargo, los que nos lanzan incesantemente sobre la tesis, como si ella, en su tentativa de posicionarse, no dejase de hacernos temblar, recobrar o retornar.
El vocabulario no es inoportuno, pues estas expresiones surgen de la aproximación del filósofo Gilles Deleuze a Proust, cuestión que estudiamos en el capítulo inédito. El eje instituido de la investigación daba cuenta del tránsito que Deleuze realiza entre el problema del hábito en Hume, y la determinación de una filosofía de los principios en Leibniz. Más exactamente, el problema consistía en preguntar por el modo en que el hábito se torna principio. Ahora bien, el hábito requería plantear la cuestión de la repetición y el retorno. Algo vuelve – es recobrado – en este retorno y ello no depende de los datos inmediatos de la repetición ni de las estructuras de reconocimiento subjetivo. Lo que recobramos está en medio y acompaña al propio retorno. En ese horizonte, nos parecía relevante estudiar la manera en que se torna accesible el tiempo recobrado para Deleuze.
Siguiendo el rastro de aquellos trechos inéditos y de las cuestiones que reverberan en la escritura de la tesis, intentaremos pensar el tiempo de la tesis y el problema de un retorno que acompaña a esta cuestión. ¿Cómo volver (a pensar) al tiempo de la tesis, si éste no ha dejado de acompañar nuestra escritura?
[Fotografia: Parque San Borja, Santiago de Chile]

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