agosto 05, 2022

Corte en preludio


El mayor
Silvio Rodríguez

 

El hombre se hizo siempre
de todo material,
de villas señoriales
o barrio marginal. 

Toda época fue pieza
de un rompecabezas
para subir la cuesta
del gran reino animal,
con una mano negra
y otra blanca mortal.

Mortales ingredientes
armaron al mayor,
luz de terratenientes
y de revolución. 

Destreza de la esgrima,
sucesos como un preso.
Amalia abandonada 
por la bala, la vergüenza, el amor. 
O un fusilamiento 
un viejo cuento modelaron su adiós.


Va cabalgando
el mayor con su herida
y mientras más mortal
el tajo es más de vida.

Va cabalgando
sobre una palma escrita,
y a la distancia
de cien años resucita.

Trota sobre la espuma
seguido por un mar
de negros en machete
y sin encadenar.

Ordena a su corneta
el toque de "a degüello"
y a un siglo de distancia entona nuestra canción
y con recia garganta canta, espanta lejos la maldición.


Va cabalgando... 

 

Silvio Rodríguez dedica esta canción a uno de los paradigmáticos héroes de la Guerra de Independencia que Cuba traba contra la Corona Española, Ignacio Agramonte y Loynaz (1841-1813), conocido como "El Mayor". La composición evidencia el talento del compositor, que nos entrega un cuadro armónico de trazos que incluyen detalles biográficos y condiciones del contexto. 

Inicia refiriendo sus orígenes aristocráticos con un guiño a la circulación social diversa que le permitiría, años más tarde, liderar el levantamiento en la provincia del Camagüey hacia fines de 1860. Dueño de un liderazgo y carisma indiscutibles, fue capaz de articular los intereses rebeldes de terratenientes, moderados republicanos y la población negra sometida, hasta esta época todavía, a la esclavitud. Es elocuente, en este sentido, la alusión a las manos negra y blanca, respectivamente.  

Luego, Rodríguez menciona vicisitudes del levantamiento, entre las que destaca el doloroso distanciamiento de Amalia, esposa del Mayor.

Cerca del final de la canción, el compositor introduce dos motivos aparentemente recurrentes para el imaginario cubano contemporáneo acerca del Mayor, cuales son el papel histórico de la Independencia en la Revolución Cubana y la sagacidad militar que le cupo en la organización de la Caballería, responsable por los éxitos del levantamiento en el Camagüey. 

Creada en 1973 para conmemorar el Centenario de la muerte de Agramonte, Rodríguez alude en la canción al destino que retorna o que, en sus palabras, "resucita". Asimismo, cita los elementos con los que se las ingenia para hacer frente a la inferioridad de los rebeldes cubanos en términos de armamento, especialmente en artillería. Desventaja sorteada a través de la conformación de una caballería armada de machetes, lo que le permitió operar con versatilidad y utilizar una herramienta de uso común en las labores desempeñadas por los esclavos, conocidos por el nombre de mambises. Es así que el Mayor acuña la expresión "a degüello" para dar la orden de ataque; haciendo referencia a una estrategia ofensiva que, probablemente, produciría pavor entre las filas enemigas.  

A continuación, la canción:

 
 
 
 [Canción: Silvio Rodríguez. El Mayor, in Días y Flores, 1975]

Nadador

 

 

 

NADADOR
 
Esta noche
El cielo tan obscuro 
Que los cabellos eran sólo humo 
 
En mis dedos hay secretos de alquimia 
 
Apretando un botón
Todos los astros se iluminan
 
Y tú
    que te alejas cantando entre delfines 
 
Y planetas vivos
Nadador pensativo
De todos los jardines
 
Una tarde traías en tus manos 
Cientos de astros enanos 
 
Nadador pensativo
Entre la niebla verperal 
 
Anoche
La luna enferma murió en el hospital 

 

[Poema de Vicente Huidobro. Poemas Árticos, 1918]
[Fotografia de Amor de la foto, Ilha Comprida, SP, in Flickr]

julho 28, 2022

Artic poems

 

 

 Each early morning, sweet lady, one more artic poem to freeze the soul



Marino
 
 
Aquél pájaro que vuela por primera vez
Se aleja del nido mirando hacia atrás
 
Con el dedo en los labios
Os he llamado
 
Yo inventé juegos de agua
En la cima de los árboles
 
Te hice la más bella de las mujeres
Tan bella que enrojecías en las tardes
 
La luna se aleja de nosotros
Y arroja una corona sobre el polo
 
Hice correr ríos 
que nunca han existido
 
De un grito elevé una montaña
Y en torno bailamos una nueva danza
 
Corté todas las rosas
De las nubes del Este
 
Y enseñe a cantar un pájaro de nieve
 
Marchemos sobre los meses desatados
 
Soy el viejo marino
Que cose los horizontes cortados.
 
 

[Vicente Huidobro. Poemas árticos, 1918]
[Photography: Constantinos Alpha. No place like home, 2019, Flickr]

julho 27, 2022

Paquebot

 
He visto una mujer hermosa
Sobre el mar del Norte
 
Todas las aguas era su cabellera
Y en su mirada vuelta hacia las playas
Un pájaro silbaba
 
Las olas truenan tan roncas
Que mis cabellos han caído
 
Recostada sobre la lejanía
 
Su vientre y su pecho no latían
 
Sin embargo sus lágrimas vivían
 
Inclinado sobre mis días
Bajo tres soles
 
Miraba allá lejos
El paquebot errante que cortó en dos el horizonte
 
 
[Vicente Huidobro. Poemas árticos, 1918]

julho 24, 2022

6th anniversary

 (two sides, like a double bind)

 

 

 Cry me a river 

[...]

If my pillow could talk
Imagine what it would have said
Could it be a river of tears I cried in bed

 

 

 

 

Just in time 

[...]

Now you're here now I know just where I'm going
No more doubt or fear I've found my way
Your love came just in time you found me just in time
And changed my lonely nights that lucky day.

 

 

[Julie London. Cry me a river]
[Nina Simone. Just in time]
 

6th anniversary (in memoriam)

 


Just in time 

[...]

Now you're here now I know just where I'm going
No more doubt or fear I've found my way
Your love came just in time you found me just in time
And changed my lonely nights that lucky day.

 

 

[Lyrics by Nina Simone, Just in time]
[Photography, Roberto D.S. Nascimento on Flickr

 

julho 10, 2022

"Donne-moi la paix, je te donnerais la obéissance"

 

 

O suor se desprende, lento, da testa. Pequenas gotas se formam no chão. Posturas de rigor, alongamento. Ensejo de desistir perto do limite, angústia. Respiração entrecortada. Os nervos a contra-senso, forçados a esticar, queimor insuportável. Dor, leve tremor que aumenta. 

O mestre, vagaroso, examina. Passando perto das nossas cabeças, enuncia, baixo: "Faça ficar difícil. Isso é Kung-fu."

Minha boca esboça um sorriso. Percebo naquele momento que estou no lugar certo. Que, em fim, acho o lugar ao qual desde sempre, pertenci. Uma lágrima sai. A dor dos últimos meses revela-se caminho e aprendizado, cura.

De súbito compreendo a frase que em momentos de insuportável angústia pronunciara tantas vezes durante a adolescência. A paz chega.

A respiração volta em calma. Minha bochecha, carinhosa, se apoia em meu joelho. Os prados florescem. 

O treino pode iniciar.

 

 

apêndice 17 sobre o segundo paradoxo de Zenão

 


Anne. Sarcástica, cirúrgica, genial!

 

As pessoas que Marcel ama são pessoas em movimento. Como Albertine - sempre correndo para algum lugar de bicicleta, de trem, de carro, num cavalo ou se atirando pela janela; como a mãe de Marcel, eternamente subindo as escadas para dar-lhe o beijo da boa noite; como sua avó, caminhando a passos largos para cima e para baixo pelo jardim todas as noites porque achava saudável, mesmo que estivesse chovendo a cântaros; ou como seu amigo Roberto de Saint-Loup, que num primeiro relance vimos saltitando sobre um banquinho num restaurante a fim de apanhar um casaco para Marcel, sentado à mesa, confuso e trêmulo. Marcel é o centro tranquilo de toda essa atividade cinética, ele é como a flecha alada do segundo paradoxo de Zenão, lançada do arco mas que jamais atinge o alvo porque não se move. Por que a flecha de Zenão não se move? Porque (segundo a explanação de Aristóteles) o movimento da flecha seria uma série de instantes, e a cada instante a flecha percorre o espaço inteiro daquele instante, e isto (Zenão diria) é a descrição da imobilidade. Se puséssemos juntos todos os instantes de imobilidade ainda assim não sairíamos dela [so if you add all the instants of stillness together you still get still]. Ninguém negaria que o romance proustiano flui com o tempo e com flechas disparadas em todas as direções. Mas podemos também imaginar o romance inteiro (em nossa cabeça) como um longo instante imobilizado, pois Marcel leva mil páginas do livro para alcançar o momento em que começa a escrevê-lo. Na última página ele lança sua flecha mas supera Zenão, pois a atira para trás, na medida em que acabamos de ler o romance que ele propõe escrever. Pensar muito tempo em Zenão e seus paradoxos me dá um pouco dor de cabeça, embora eu me divirta com sua argumentação fria. Eis um tiro-antídoto de Zenão disparado pelo devotado erudito proustiano, isto é, o cineasta Chris Marker (Sans Soleil): "Assim é que a história avança, tapando a própria memória como tapamos nossos ouvidos... (mas) um momento imobilizado queimaria como a chama de um filme bloqueado diante da fornalha do projetor".  
 
 
[Anne Carson. O Método Albertine. São Paulo: Jabuticaba, 2017] 
 

Estertores da velhice

[Delicado desespero IV]



Essa tarde lembrei da minha recente leitura de um dos micro-contos de Delicado desespero. Veio a mim prístina, quase que tendre, a imagem da velhice retratada no filme Amour (2012). 


Retrato

Observava-o a face modorrenta da velha das inúmeras horas. Frugais as frutas de sua fruteira frustravam-se frente à frouxidão da boca fechada. Dentes serrados de resina bamboleavam na dentadura densa do descabido velho. O chá percorria a boca fremindo na busca incessante pela baba da velha. Agora enterrada. Dá boa noite aos vermes. Acalenta as formigas que a levam pedaço a pedaço terra adentro. Quente queimava-lhe os frágeis dedos a quentura da água querida. Esbarrão despropositado na pia de granito gracioso. Aguardou ainda o estertorar da porcelana antes de desfazer-se rumo ao fim. Lá se vai a última lembrança da velha. Migalhas de recordações esparramadas restaram-lhe no chão. Catou. Colou cada caco com a cola do coração. Perdeu a xícara sua asa para voar. Ganhou cabelos brancos em microscópicas poeiras pérfidas. Da xícara fez o retrato de sua falecida. Colocou-a emparedada na sala de estar. Por medo nunca arrastou o sofá. Quem sabe que lembrança feita pó o faria espirrar. 




[Fotografia de Emmanuelle Riva: Captura de Amour (2012) de Michael Haneke]

[Retrato, in Caio Russo. Delicado desespero de beija-flor em voo, p. 104]

 


junho 28, 2022

La invención de Morel (apéndice 1)

 


No quería dejar de aclarar, en breve anotación, mi referencia a las "policías del mundo" presente en el texto sobre Morel o, lo que viene a ser lo mismo, sobre Marília. Ciertamente y, a pesar de la licencia literaria, no es que crea fehacientemente en cierta policía del mundo siguiendo mis huellas. Por lo menos, no en algo que rebase el análisis de mis datos de localización, hora de dormir y despertar, o nimiedades como cuentas bancarias y nacionalidad. Tampoco nada que exceda la mirada atenta del guardia del supermercado, o de un actor en formación que eventualmente se divierte siguiéndome, para montar un personaje. Digo esto, claro, sólo para constar que no creo en que la policía del mundo esté tras mis pasos. 

Pues bien, la referencia proviene del poema de Teillier que he reproducido más abajo. "He visto a un hombre que...", dice, se mueve entre aviones y buses, busca algo que no sabe dónde hallar ni de qué trata y que, probablemente, circula por hoteles diversos. Sucede que el retrato del personaje coincide casi exactamente con la definición del viajero común. Lugares diversos, búsqueda más o menos indefinida, algo de temor, tal vez desconfianza. Un placer incontenible por el desplazamiento. 

Es lo que me sugiere esta imagen. Una suerte de reinterpretación de la melancolía presente en Hotel Room de Hopper, pero sin Shirley, sin maletas, ni siquiera un libro. Proyección en la pared, eventualmente en un "Hotel Nube" que abre sus ventanas piadosas frente al espejo cansado. En esta imagen los límites se descuadran, las sombras juguetean con la proyección y el espejo, cual puerta, se confunde con la entrada. Un espejo hecho a la medida de viajeros perseguidos por el mundo, que ahora pueden esconderse tras sus destellos sutiles. 


[Fotografía: Amor de la foto, Flickr]

  

Hotel Nube




He visto a un hombre que pensaba
ser perseguido
por la policía de todo el mundo.
Cambiaba de aviones, de buses y de trenes
y desconfiaba hasta de su soñolienta sombra.

He visto a un hombre buscando algo
que creía haber perdido en alguna parte
y no se acordaba dónde.

He visto a un hombre
siguiendo sin saber por qué un cortejo fúnebre. Bajo
el sudario ceremonial de la lluvia
escuchó un himno que lo llevó al Hotel Nube
donde creía llegar sin dejar huellas
y tras hacer la señal de asilo de los desamparados
confió en las puertas que se abrían piadosas.

En la sala de espera
había tipos que contaban nuestros pasos
esperando nuestra llegada
sin ocultar siquiera entre sus mangas sus cuchillos asesinos
bendecidos por un Poder sin Gloria.

Jorge Teillier


[Pintura: Edward Hooper, Hotel room, 1931]
[Publicado originalmente en abril, 2017]

junho 26, 2022

La invención de Morel

Marília, SP

 

 

De paso, en viaje reciente por Marília, me deparé con una serie de imágenes precisas, como que corporeizadas. Tal era el nivel de realidad que ostentaban. Inicialmente creí ver fantasmas, de soslayo. Sombras furtivas. Sin embargo, un cierto instinto de caza me llevó a aproximarme. Observé con atención, realicé diversas capturas con la cámara fotográfica que, por casualidad, colgaba de mi cuello. Probé ángulos diferentes. Algunos inéditos. Me arrastré en silencio por entre los pastizales para acercarme. Debía ser prudente, pues acababa de huir de la cárcel y pesaba sobre mí una pena perpetua. Las policías del mundo seguían mi rastro. Pero una meticulosidad inevitable me llevaba a repetir las visitas a aquellos lugares, en que sabía que los fantasmas resurgirían a través de repeticiones rigurosas. Siempre con la misma luminosidad, la misma vestimenta, a la misma hora. Una suerte de máquina perversa reproducía con exactitud la rutina de un grupo de personas desconocidas, pero cuya familiaridad, intrigante, me transformó en el decurso de algunos días de visita, en uno de esos fantasmas. O para ser más exacto, en un holograma. Tal la invención de Morel con la que me deparé recientemente en Marília.

Doy ahora la palabra al narrador, quien, cerca del final, se las arregla para introducir la grabación de sus rutinas, en medio de esos perfectos desconocidos. El motivo, todavía me resulta incomprensible: "Cuando me sentí dispuesto abrí los receptores de actividad simultánea. Han quedado grabados siete días. Representé bien: un espectador desprevenido puede imaginar que no soy un intruso. Esto es el resultado natural de una laboriosa preparación: quince días de continuos ensayos y estudios. Infatigablemente, he repetido cada uno de mis actos. Estudié lo que dice Faustine, sus preguntas y respuestas; muchas veces intercalo con habilidad alguna frase; parece que Faustine me contesta. No siempre la sigo; conozco sus movimientos y suelo caminar adelante. Espero que, en general, demos la impresión de ser amigos inseparables, de entendernos sin necesidad de hablar. La esperanza de suprimir la imagen de Morel me ha turbado. Sé que es un pensamiento inútil. Sin embargo, al escribir estas líneas, siento el mismo empeño, la misma turbación. Me vejó la dependencia de las imágenes (em especial, de Morel con Faustine). Ahora no: entré en ese mundo; ya no puede suprimirse la imagen de Faustine sin que la mía desaparezca. Me alegra también depender —y esto es más extraño, menos justificable— de Haynes, Dora, Alec, Stoever, Irene, etc. (¡del propio Morel!) [...] Cambié los discos; las máquinas proyectarán la nueva semana, eternamente".

En lo que sigue algunas de las fotografías del ensayo y el link al perfil de Amor de la foto, quien es el verdadero testigo. Yo soy solo un humilde testaferro.




[BIOY CASARES, Adolfo. La invención de Morel. 1940]

[(c) Fotografía: Amor de la foto, Flickr]



junho 07, 2022

Blues in the South

 

 

 

Well, my heart is lonely and my room's so cold and bare.
Well, my heart is lonely and my room's so cold and bare.

I'm deep down in Dixie, but I feel like I ain't nowhere.

I've got the Blues in the South, cause my gal's in the West,
and my home's in the North, and there awfulness.

Deep dawn in the Delta, two thousand miles from home.
Can't even call my baby, cause she don't have a telephone.

I left my baby in the West, it seems the Blues will never cease,
Because before I came down South, I lost my money in the East.

Yes, my heart is lonely and this room's so cold and bare.
I've got the Blues in the South, cause I feel I ain't nowhere. 



[Louis Armstrong. Blues in the South]

 

 

 

junho 05, 2022

Santa Ceia [Delicado desespero, III]



 

Santa Ceia

Motores de ônibus retumbavam contra os enregelados gambitos. Andrajos cobriam-lha como monge excomungado da ordem. Consumia-se nele a fome. Fogos desciam e subiam: iluminavam-no desde dentro. Passo. Passo a passo. Pegada. Pegada a pegada. Escondidas ficavam sobre o duro concreto as tênues marcas de seus pés. Não havia lastro de existência. Só a imagem curvilínea delineada na porta de vidro do barbeiro. Desses de rodoviária. Desses que fazem barba, bigode. Os chinelos agarravam-se com todas as forças às finas tiras, travavam verdadeira cruzada para não arrebentarem. Feito imagem refletida em sujo vidro. Esquálido. Cisco de vida incômodo no olho do mundo. Sendo a efígie que era esgueirava-se por entre os Corpos corpulentos encorpados pela comida caudalosa servida em cumbucas fundas fundíssimas forradas feitas e fundidas de Corpos. À procura do cliente almejado sapato a ser engraxado. Deslizava folha de jornal escapada e levada pela lufada de ar. Voava mais do que andava. Medo. Concorrência grande. Outros da estirpe competiam os sapatos. Sobrava da raça. Faltava sapato. Faltava corpo para impor-se. Faltavam músculos. Faltavam braços. Pernas para concussão no inimigo. Faltava roupa. A pele macilenta esticada sobre os ossos dava-lhe um ar de relíquia. Pedaço de santo feito menino. Deveria aguardar junto às catedrais: gárgula com olhos metonímicos: o soar da trombeta no dia do juízo. Mulheres Homens todos observavam sem enxergá-lo. Acostumado aos restos de mesa das migalhas esboroadas espalhadas aqui lá acolá. Perito em ajuntar restolhos que pareciam perdidos ao esbanjador. Encontrou por fim o cliente, não o benquisto. O mais simples. Humilde. De parcas gorjetas. Do ombro desliza não sem deixar o ardor da madeira sobre sua carne ecoar. A pequenininha caixa de engraxate. Sua escovinha e graxa devidamente organizadas. Era um executivo. Um burocrata com sua papelada em ordem. O que o distinguia de seus pares era somente Fome. Lentamente passou a graxa. Deslizou a escova. Lustrou o sapato como se limpasse taças do mais fino cristal belga. Havia algo de Caravaggio em suas escovadas. Um realismo desesperadamente religioso. Cruelmente religioso. Como São Tomé ao espicaçar ingenuamente as chagas do mestre. Terminada a empreitada descansou no sétimo minuto de serviço. Tremeluzia em sua face o suor de todos os pobres. De todos os meninos esfomeados preenchidos pelo éter vital. Pela vontade de um não-sei-o-que que os impulsiona: vida talvez vida quem sabe vida que vida? Ganhado os trocados aguardava-o na barraca de frente ao lado do guichê um grande tacho de sopa com carne moída requentada com sobras de pão de dois dias. Socialista dirigiu-se a maitrê do restaurante e dispensou garçons: nada de a la carte servir-se-ia ele mesmo. Ao chegar ao palato o pão tinha gosto de angústia. Lágrimas. Sudorose. Perda. Futuro transubstanciado em pão. Como menina que furtivamente rouba as maquiagens da mãe experimentando o pecado da vaidade pela primeira vez. Na antecipação de um futuro borra sua boca pela primeira vez. Deixa que o pó lhe marque no rosto seu trajeto. Pó da terra. Observa-se no espelho maravilhada com o títere que a observa nela mesma presa pelas linhas. Chacoalhada. Levemente inclinada. Deixa-se cair no chão pois dele não passa. Há de se erguer ao mando do Mestre. Encaixar-se-á em seu grilhão. Mal sabia que ensaiava a pequena sua tragédia de adulta. Se não o Céu ao menos o Chão. Via o pequeno seus lampejos do porvir evolados do pão repartido. Via inverter-se o tempo para cada uma das coisas da terra. Adiantava-se sobre o relógio. Dava voltas voltas e mais voltas nos ponteiros. Trilhava anos-séculos de trabalho em dias. Seu trabalho também era o exemplo de uma vontade de adiantar o tempo. Mas nele não havia seu pai arquétipo: era um ele mesmo que voltava ao presente para esticar-se ao futuro. Exemplo de si mesmo para si mesmo enquanto centelha de si mesmo no futuro. Viajante estrangeiro no presente. Mas era também comida. Tinha um sabor que só a fome a espera a expectativa e a incerteza do comer ou não comer temperam a comida edulcoram seu sabor e dão relevo as suas cores. Um tipo peculiar de chiaroescuro: do cinéreo tom da carne ao rubor do molho fervente. Escorria o caldo. Escorria o elã. O sangue vertido em vinho havia de preenchê-lo. Por quarenta dias e quarenta noites perambulou pela rodoviária: alimentado pelo pão ázimo.


[Caio Russo. Delicado desespero de beija-flor em voo, p. 23-25]

[*Pintura: Caravaggio. Cena in Emmaus]

maio 29, 2022

Melody Gardot. This Foolish Heart Could Love You

 

 

 

A voz tendre de Melody Gardot vem acompanhar essa tarde cinza de domingo. Não fosse pouco a delicadeza de sua voz, o recente lançamento desse single inclui um vídeo maravilhoso em que dois renomados dançarinos performam no Museu Rodin de Paris. Fiz algumas capturas da gravação (link). 

 





 

[Música: Melody Gardot & Philippe Powell. This Foolish Heart Could Love You. In: Entre deux. Universal, 2022]

 [Dança: Direção de Beki Mari - Dançarinos: Marie-Agnès Gillot, Germain Louvet in Musée Rodin, Paris, 2022]



maio 27, 2022

Roger Caillois



Presentación de Roger Caillois (1913-1978)


En este audio cito los principales tópicos que recorren la obra de Caillois. Conocí al autor por ahí por el año 2003 en un curso que Cristóbal Holzapfel dedicó a la filosofía del juego en la Universidad de Chile, en Santiago. El interés de Cristóbal y mío, en la época, era el desarrollo de una suerte de cosmología del juego. En línea con ello, un año más tarde dediqué mi tesis de grado al juego en Deleuze. Así las cosas, los trazos marcadamente antropológicos de Caillois pasaron desapercibidos para mí. Me interesé mucho más por las cuestiones relativas al azar y las eventuales consecuencias que ello revestía para pensar nociones como las de orden, providencia o destino. 

Fue en 2008, que Cristóbal me encomendó la redacción de un capítulo para un libro que abordaría los pensadores más importantes del siglo XX. Casi me comprometí, además, con la redacción de una parte sobre Bergson. Pues bien, fue el momento en que descubrí la intensidad con que Caillois abordaba las manifestaciones más radicales de la naturaleza humana. Llama la atención como insiste en las correlaciones existentes entre fiesta primitiva y guerra. De manera semejante, también, desciende hasta las manifestaciones inconfesables de lo sagrado y sus correlatos en política. Ya en esa ocasión me llamaba la atención la "Lettre" que escribe a Breton para declarar su alejamiento del surrealismo, y defender una suerte de racionalismo apasionado capaz de investigar la verdadera constitución de la imaginación. La famosa imaginación empírica que aborda a mediados de los años 1930. 

Tras varios intentos fallidos, que recorrieron casi una década, la ambiciosa propuesta de publicación fracasa. El capítulo duerme entre ensoñaciones y recuerdos durante más de diez años.

Poco después de iniciado el confinamiento de la pandemia de 2020, reabrí el archivo. Ya en otro país - me mudé a Brasil en 2013 - me lancé a la tarea de organizar antiguas anotaciones que traía desde Chile. Eran todas digitalizaciones de anotaciones en papel. Varios pasajes ilegibles. En no pocas ocasiones, ausencia de referencias. Intrigantes frases que no sabía en qué idioma había leído, ni cual era exactamente la fuente. Sumado a ello, el caos inherente a las recurrentes antologías conforme Caillois retoma una y otra vez sus breves ensayos. Maravillosa disculpa para me lanzar en una suerte de genética textual de mis propias anotaciones. No bastaba con la genética que exigía la estrategia de publicación que el francés persigue a lo largo de su vida. Transformé el capítulo en artículo. Lo dejé casi listo, pero no pude terminarlo porque me negué a retirar una frase que no lograba referenciar. Ss trata de un trecho breve de "Las fuentes de la moral", publicado dentro de "Fisiología de Leviatán" (1946). En ausencia de referencia bibliográfica precisa, lo más razonable era retirar la frase y enviar el artículo. Finalmente decidí esperar, esperar a la apertura de fronteras hasta poder comprar el libro o consultarlo en biblioteca. Ello sucedió sólo a fines de 2021, en que pude comprarlo en Puerto Iguazú. 

Retomé la tentativa de terminar el artículo con nuevos bríos. Ya que el capítulo había dormido catorze años no veía problema en dedicar unos meses o años más a un estudio acabado de la obra. Así podría tener una visión más panorámica del autor. En el camino fui descubrindo las autoridades en el comentario, la bella biografía de Felgine (1994), las precisiones de Antelo y Hollier, supe de la relación con Victoria Ocampo, entre otros detalles. Claro, no dejé de hacerme un regalo de lectura y compré la versión digital de "L'incertitude qui vient des rêves" (1956). Lo leí durante algunos meses antes de dormir. Me parece divertida, e interesante, la manera en que pugna con el psicoanálisis. 

Menciones a parte merece la lectura reciente del ensayo dedicado al "Vértigo" incluido en "Fisiología...". Me parece que condensa, en sentido psicoanalítico tal vez, buena parte de mis intereses. De mis cuentas pendientes con Caillois.   

Esta presentación en audio, es mi última aproximación al autor. Última porque más reciente, no porque definitiva. Es, efecto, un ejercicio impreciso, casi diletante. Un merodeo inicial preparado para mis clases en Unila, en Foz de Iguazú, donde lecciono actualmente. 

A medida que coloco en orden mis anotaciones, afectos y papeles - Mes Papiers (MP) es una figura que abordaré futuramente en el blog - acerca de "Delicado desespero", espero ir de a poco aproximándome a Caillois, una vez más.    

 

Referencias

Caillois, Roger. Lettre à André Breton in Procès intellectuel de l ́art. Marseille: Cahiers du Sud, 1935
Caillois, Roger. Fisiología de Leviatán. Buenos Aires: Sudamericana, 1946
Caillois, Roger. L'incertitude qui vient des rêves. Paris: Gallimard, 1956
Felgine, Odile. Roger Caillois. Paris: Stock, 1994
Hoplzapfel, Cristóbal. Crítica de la razón lúdica. Madrid: Trotta, 2003
 

maio 24, 2022

Delicado desespero, II

 

Delicado desespero de beija-flor em voo 

Plúmbeas plumas a planar. Antes de raiar calçava as chinelas. Pé ante pé ia à cozinha. Preparava antes o café de seu amigo. A porção de açúcar diluída em água. Enchia o potinho de plástico. Amarelas e vermelhas flores que nunca murcham. Em arabescos cuidadosos desenhava na janela seu voo abstrato. Enternecia o velho. Tão diminuto. Pesava tão pouco. Delicadeza da mãe natureza provida de asas. Eterna criança entre os pássaros. Admirava-o esse ornitólogo amador. Desesperado voava como quem morre. Angustiado o coração de chumbo trepidava em seu peito. Podia ser o voo sem volta. Robusto em asas de concreto pairava no denso céu nublado. Nadava em meio às impiedosas lufadas de ar matinal. Resistia a ave ao seu ominoso organismo ininterrupto. Violentava a si mesma na beleza do desassossego.  


[Em obra homônima, Caio Russo]

maio 23, 2022

Ciúmes [Delicado desespero, I]

 

 

Segue aquele que, acredito, representa o conto-poema melhor elaborado da coleção: Ciúmes

 

<<

Que seria aquilo entre meus dedos? Viscoso. Aderente, como graxa de sapateiro. Lustra-móveis que do mogno retirava o brilho escondido pela grossa camada de poeira. Deixada pelo tempo. Lustrava todos os móveis de seu petrificado quarto. Que seria aquilo entre meus dedos? Elástico, escarlate. Pegajoso. Beirava no nojento. Que havia de ser? Que era pois? Não sei se sei bem. Creio que plasma sanguíneo. Lápis de cor indelével na mão da cara amada - Você é um escroto, como você pode fazer isso? Quem você é? Seu ridículo ... Seu baixo ... Com seus gritos continuava a fazer com que meu borbulhante sangue saísse pelos cantos dos dedos. Arrancava nacos. Filés inteiros com meus dentes. Ajudava com a outra mão. Ajudava a mutilar meus outros dedos com outros dedos. Borbulhava a me olhar a bolha de sabão rubra. Balbuciava eu. Mas não sei. Que era pois? Como observar seus sapatos sem saber por onde induziram seus pés. Cada peça de roupa sem conhecer sua história plangente. Jocosa. Em cada peça um sorriso do desconhecido. Não haveria de saber quantas mãos alisaram suas peças despretensiosamente. Longamente. Finos dedos a dançar como arlequim endiabrado. Volúpia dos desconhecidos que cutuca o ciúme a fim de acordá-lo da sua rede de dormir. Intermitente me era parar. Observar cada peça desconhecida desse quebra-cabeça de citações infindas. Nem por isso deixava de montar. Montava. Montava peça a peça. E em mim ela montava. Dos nacos de meus dedos. Dedo a dedo. Perdi minhas mãos inteiras em sua boa imperdoável. Tragado fui para seus pulmões. Lentamente formei fraca fumaça. Farinha integral antes. Moeu. Moeu a sua moenda. Sem nutrientes. Bela. Branca. Baça. Nada. Ficou em pedaços entre as roldanas da trepidante maquina humana.

>>

 

[Caio Russo. Delicado desespero de beija-flor em voo]

 

 

 

Delicado desespero de beija-flor em voo

 

 

Coleção de várias dezenas de contos breves, ou poemas, esse livro custou-me lágrimas dilacerantes. Dessangrou-se meu coração inúmeras vezes. Percurso difícil por longos anos em que não conseguia acabar com a leitura. E ainda não terminei. Como reza o poema Conta conto, "jamais", de fato, "terminei um livro"

O traço mais marcante da coleção, aquele que abre perigosas fendas na pele, tem a ver com a articulação cirúrgica entre delicadeza e crueldade. Sim, trata-se de uma sorte de descrição meticulosa das meiguices do cotidiano e a fatalidade de onde escorrem. Engraxador esfomeado transubstanciado em pão furtivo (Santa ceia); violência ofegante do beija-flor em voo (Delicado desespero...); tragédia da dona que ergue, em ciclos intermináveis, uma catedral de limpeza em casa (Casa-de-dona). 

Reiteram-se, sem religioso rigor e com algumas exceções, excursos com personagens que multiplicam as imagens de cada poema (Santa Ceia, Ciúmes); que fazem do conto digressão incessante. A maioria das vezes, perto do final de cada poema, precipitam-se objetos inversos. A elaboração inicial se mostra preparo alegórico de um final abrupto, seco. Violento como olhos carbonizados (Sol), como estertor mortal no piso de porcelana (Retrato).

Remarquable, aussi, a última parte, Enrugadas palavras em liso papel, em que não poucas vezes o autor ensaia uma teoria literária. Papel das mãos, trabalho da caneta, exaustão do escritor que escreve com as narinas, tinta feita de lágrimas, natureza da leitura. 



[RUSSO, Caio. Delicado desespero de beija-flor em voo. São Paulo: Chiado editora, 2015]

[Fotografia: Roberto D.S. Nascimento (usada para capa do livro), ver Flickr]

abril 10, 2022

Suffering is one very long moment...

Amado, 

Escrevo-lhe essas linhas derradeiras, na certeza de que as acolhes com afeição e respeito. O frio cruel do inverno, e essa cela mais fria de domingo. O silêncio faz retornar o tempo, inexoravelmente...



[...] Suffering is one very long moment. We cannot divide it by seasons. We can only record its moods, and chronicle their return. With us time itself does not progress. It revolves. It seems to circle round one centre of pain. The paralysing immobility of a life every circumstance of which is regulated after an unchangeable pattern, so that we eat and drink and lie down and pray, or kneel at least for prayer, according to the inflexible laws of an iron formula: this immobile quality, that makes each dreadful day in the very minutest detail like its brother, seems to communicate itself to those external forces the very essence of whose existence is ceaseless change. Of seed−time or harvest, of the reapers bending over the corn, or the grape gatherers threading through the vines, of the grass in the orchard made white with broken blossoms or strewn with fallen fruit: of these we know nothing and can know nothing. 

For us there is only one season, the season of sorrow. The very sun and moon seem taken from us. Outside, the day may be blue and gold, but the light that creeps down through the thickly−muffled glass of the small iron−barred window beneath which one sits is grey and niggard. It is always twilight in one's cell, as it is always twilight in one's heart. And in the sphere of thought, no less than in the sphere of time, motion is no more. The thing that you personally have long ago forgotten, or can easily forget, is happening to me now, and will happen to me again tomorrow. Remember this, and you will be able to understand a little of why I am writing, and in this manner writing... 



[Excerpt from De profundis, Oscar Wilde]